“Me gusta eso”, “tengo hambre”, “no pagué la cuenta”, “hoy sí que termino el reporte”, “de hoy no pasa sin devolverle el llamado”, “concentración…”, “quiero salir a trotar, podría ser a las ocho…”, “ufff, no tengo nada en el refrigerador”, “la la la, voy a poner música”, “me siento mal, no sé qué me pasa…”, “ahora me aplico”. Frases que ilustran sólo algunos segundos de lo que sucede en nuestra mente, que es ágil, veloz y está capacitada para generar cientos de pensamientos, ideas, sensaciones, opiniones, historias. Este caudal es enorme y activo, habitualmente es desordenado, ansioso y va hacia muchas direcciones a la vez, generando un verdadero caos interior. Es lo que se llama “basura mental” y es una de las principales causas que nos impiden escuchar a los demás.

La mayoría de las veces escuchamos desde el piloto automático mental, sin reparar en las necesidades emocionales de ese otro. Cuántas veces oímos desde lo que ya creemos que sabemos, enjuiciamos rápido, nos enojamos y catalogamos con gran facilidad. Antes de que finalice la conversación, ya tenemos la respuesta correcta y nos sentimos bien por ser tan buenos amigos, proveedores, asesores. Sin embargo, sólo fue una escucha superficial y equivocada, poco amable y empática, limitada sólo a confirmar nuestras propias opiniones y creencias.

Un buen escuchador tiene la habilidad de estar tranquilo a nivel corporal, emocional y mental. Presta atención a todos los detalles de quien le habla: su expresión facial, sus gestos, su tono de voz, el lenguaje que utiliza, el movimiento de sus manos y de su cuerpo, la mirada y la intención. Por sobre todo, se mantiene presente y tranquilo, dándole protagonismo al otro, sin interrumpirlo, sin aconsejarlo, sin emitir juicios, permitiendo que se exprese a cabalidad.

[bctt tweet=”Un buen escuchador tiene la habilidad de estar tranquilo y presente a nivel corporal, emocional y mental “]

Suena sencillo, pero no lo es. Básicamente porque vivimos con una cabeza inquieta y dispersa en muchos temas, estado que genera confusión, insatisfacción, preocupación, dudas. El anhelo de muchos es tener mejores relaciones y escuchar mejor, pero no saben cómo acallar la mente ni qué hacer para estar más tranquilos interiormente. Aquí comparto algunas sugerencias prácticas para lograrlo:

– Detenerse y tomarse las cosas con más calma. Esto implica dejar de correr, hacer que nuestro cuerpo y mente funcionen más lento. Hay que aprender a caminar, moverse y hablar más despacio, esto nos ayuda a tener mayor claridad y altura ante las situaciones y las personas.

– Darse espacios de silencio. Comenzar por 5 minutos, cerrar los ojos y simplemente quedarse allí sin hacer nada. Es impresionante lo que nos ayuda estar en paz algunos minutos por día.

– Ordenar los pensamientos. Esto supone un entrenamiento diario, tal y como si fuésemos un computador con múltiples carpetas. No mezclar ni dejar que la mente se aloque y entre en modo caos. Hay que darle número y turno a los pensamientos.

– Escuchar lo que hay adentro de uno. Es asombroso parar, quedarse en silencio y permitir que fluya todo lo que existe en nuestro interior. No todo en nuestra rutina constituye hacer, cumplir, lograr. También hay que darse el momento para comprender en qué estamos, cómo nos sentimos y afecta lo que vivimos.

[bctt tweet=” La “basura mental” es una de las principales causas que nos impiden ser buenos escuchadores
“]

-Relajar el cuerpo. Andamos tensos y contraídos muscularmente la mayor parte de nuestra jornada, lo que no colabora para conseguir ese ansiado estado de sosiego interno. Respira profundamente las veces que sea necesario, si puedes haz algunos ejercicios con la cabeza, el cuello, los brazos, las piernas. Verás que el cambio es notable.

Escuchar con empatía es una habilidad que muy pocos poseen, pues requiere de un entrenamiento interior que va más allá de lo que nos enseñan en cursos y talleres. Abrirse a escuchar verdaderamente a otro, es a su vez una apertura a ser mejor en todos los niveles. Sólo así se podrá responder de forma apropiada y simple, ya sea con una sonrisa, con un ademán amable, con unos ojos brillosos y vitales, con la palabra precisa, con ese respeto que genera dignidad y que construye relaciones profundas y humanas.

[mailmunch-form id=”241307″]