“Depende de cada uno abrirse un lugar, saber cuándo cambiar de rumbo y mantenerse comprometido y productivo durante una vida laboral que podría abarcar unos 50 años. Para hacer todo esto bien, se debe cultivar una profunda comprensión de sí mismo; no sólo de cuáles son sus fortalezas y debilidades, sino también de cómo se aprende, cómo se trabaja con otros, cuáles son los propios valores y dónde se puede hacer la mayor contribución” (Peter F. Drucker, “Gestionarse a sí mismo”, Revista Harvard Business Review, 2011).

Hojeando la Revista Harvard Business Review me encuentro con el recién citado artículo de Drucker y me detengo a pensar en lo que implica gestionarse a sí mismo, que debe ser uno de los desafíos más entretenidos y a la vez más atemorizantes que existen. El concepto en sí indica que cada persona puede “autoadministrarse”, lo que significa que requiere hacerse cargo de sí mismo, sin excusas, sin justificaciones, sin buscar culpables. Y la verdad es que somos expertos en todo lo anterior, y en vez de movernos y cambiar aquello que no nos agrada, preferimos quedarnos observando lo mal que los demás hacen las cosas y lamentarnos por cómo esto nos afecta de una u otra forma, manteniendo el status quo interior y exterior. Habitualmente, el acucioso análisis no incluye a una de las personas más relevantes de ver: uno mismo.

Este ejercicio de mirarse a uno mismo y autoadministrar nuestras carreras y vidas resulta fundamental y urgente en un mundo donde las oportunidades están cerca y depende de cada uno acercarse a ellas y concretarlas.

A continuación, se despliega una lista de ideas, preguntas, provocaciones o como quieran llamarlo, para iniciar el beneficioso ejercicio de observarse y empezar a tener una pizca de conciencia sobre sí mismo:

– Hacerse cargo de sí mismo: Es necesario salir del estado de victimización, de luchar contra los elementos y de echarle la culpa a todo y a todos.

– Reconocer nuestras fortalezas: Es importante saber en qué somos buenos, verbalizarlo, apreciarlo y a partir de allí seguir potenciándonos y creciendo.

– Con mirada positiva y valiente: Es clave pararnos en la vida desde nuestras fortalezas y agregar una vista decidida, segura, atrevida. Sacarse de la cabeza la palabra “no puedo” y reemplazarlo por “vamos que se puede” o cualquier otra en la misma línea.

– Hacernos amigos de lo impredecible: Lo único certero en el mundo de hoy es el cambio permanente. Para no sufrir ante el vaivén diario, lo mejor es aceptar la impredictibilidad y caminar con atención, inteligencia y capacidad de decisión.

– Aprender de los demás: La capacidad de aprendizaje en quien se autoadministra a sí mismo debe ser alta, tanto para imitar aquello que se admira, como para no caer en comportamientos incorrectos o alejados de nuestros valores.

– Trabajar con claridad y voluntad:
El mejoramiento continuo de sí mismo requiere de una gran y poderosa perseverancia, ya que esto permite que cada uno obtenga a partir de la propia observación más claridad y voluntad para ejecutar los proyectos en los que está implicado.

Este es sólo el inicio de la lista, ahora cada cual debe completarla y ajustarla a su realidad.

Ser el CEO de sí mismo nos invita a salir de nuestra zona de comodidad y seguir puliéndonos, a tener más confianza en nuestras capacidades y a cultivar a diario una visión interior diáfana que nos permita tomar esas oportunidades que están esperando por nosotros ¡Buena suerte! 🙂

Autor: Mónica Escobar