John Maeda escribió “Las Leyes de la Simplicidad” para explicar este concepto desde el punto de vista del diseño, mercado, tecnología y negocios. Sin embargo, terminó desarrollando un manual aplicable a varios aspectos, incluso la vida diaria.

Este decálogo es también una buena herramienta para construir y “diseñar” un texto, e invita a cuestionarse previamente Cuál es el curso que éste debe seguir cuando ya tenemos toda la información a nuestra disposición.

LAS LEYES DE LA SIMPLICIDAD

1. REDUCIR

“La manera más sencilla de alcanzar la simplicidad es mediante la reducción razonada”

Al escribir, es difícil abarcar y mostrar todo. Con la tarea de dosificar y “limpiar” el contenido, lo que hacemos es ayudar a que el resto comprenda fácilmente, especialmente en plataformas digitales, donde el espacio es reducido y los usuarios buscan informarse en poco tiempo. Esto no significa subestimar al lector, lo correcto es escoger responsablemente aquellos antecedentes que muestran lo fundamental. Tal como señala Maeda, “al centrarse en las bases de la bases, se es capaz de reducir todos los conocimientos a la esencia de lo que se quiere transmitir”.

2. ORGANIZAR

“La organización permite que un sistema complejo parezca más sencillo”

Maeda sostiene que todas las personas necesitan catalogar o agrupar de alguna forma lo que ven. Lo hacen incluso de forma inconsciente. ¿Por qué? Principalmente porque así se simplifica la comprensión y la retención de la información. Agrupar los datos que hablen de un mismo tema o resuelvan una misma interrogante es una buena forma de guiar al lector, y es posible lograr que algo muy complejo quede reducido a un par de puntos o se resuma en una llamativa imagen infográfica, por ejemplo.

3. TIEMPO

“El ahorro de tiempo simplifica las cosas”

Si logramos la simplicidad al escribir, inevitablemente le estaremos ahorrando tiempo al lector. Es cierto que existe la necesidad de saber todo y con inmediatez, pero con esta sobredosis de información también se valora la calidad y la forma en la que se entrega. Un texto de un par de líneas puede ahorrar tiempo efectivamente, pero si la redacción es compleja y los datos irrelevantes, no estaremos generando ningún valor agregado.

4. APRENDIZAJE

“El conocimiento lo simplifica todo”

Sobre esta ley, Maeda hace referencia a la importancia de inspirar a otros y generar confianza en el receptor, porque de esta forma facilitamos su orientación. Si logramos conectar emocionalmente al otro y generamos la sensación de estar “enseñando”, captamos la atención y disipamos confusiones. Por otra parte, lo que buscamos al escribir es  sorprender. Sin embargo, Maeda sugiere tener precaución con no caer en el “impresionar e intimidar” porque tanta expectación puede generar rechazo y provocar que los lectores nos pasen de largo o busquen otra fuente de información más amigable. ¿Cómo lograr esto? Simplificando y empatizando con los lectores, ¿quién es el público que me lee?, ¿qué necesitan saber?, ¿qué estará de más?, ¿cuál  es el lenguaje más apropiado para que entiendan el mensaje? Comenzar con esas interrogantes son un buen punto de partida.

5. DIFERENCIAS

“La simplicidad y la complejidad se necesitan entre sí”

Sin el contrapunto de la complejidad, no seríamos capaces de reconocer la simplicidad al verla. Eso es lo que afirma Maeda, argumentando que el equilibrio entre un concepto y otro, es lo que llega a funcionar más efectivamente. La clave está en sacar lo mejor de cada uno de ellos. Frente a un sinfín de complejidades, la simplicidad logrará brillar por sí sola, por eso son complementarias. Y a la hora de escribir, alternar el ritmo entre lo complejo y lo simple es un buen camino para impedir la monotonía y sostener la atención por el mayor tiempo posible.

6. CONTEXTO

“Lo que se encuentra en el límite de la simplicidad también es relevante”

Al escribir, es imposible desconocer o subestimar el contexto que envuelve el mensaje, porque de esto depende la experiencia y la interpretación del lector. Maeda afirma que en todo orden “hay otros mensaje dentro de nuestro propio mensaje”. Y en esto, hay diversas variables que no podemos olvidar al contar una historia. ¿Quién la va a leer?, ¿en qué formato?, ¿en qué momento se publicará?, ¿podrá el lector vincular la información a otros hechos contigentes? Otra vez vuelve a surgir la empatía, la importancia de ponerse en el lugar del lector y el valor de analizar qué otros factores podría interferir en su interpretación.

7. EMOCIÓN

“Es preferible que haya más emoción a que haya menos”

Las emociones son universales y a través de ellas el ser humano se vincula con el mundo. Si las plasmamos en “algo” que hacemos, Maeda afirma que ese “algo” llega a complejizarse pero inevitablemente gana valor. Al vincular emocionalmente a los lectores, logramos que se sientan identificados y que retengan con mayor facilidad el mensaje, porque lo internalizan y lo relacionan a sus propias vivencias.

8. CONFIANZA

“Confiamos en la simplicidad”

Ganarse la confianza del otro y demostrar que se está en las mejores manos; a eso hace referencia la octava ley de Maeda. Esto quiere decir que debemos convertirnos en “maestros” para que el resto sepa que puede recurrir a nosotros cuando lo estime conveniente. Aún cuando Maeda vincula la confianza a las marcas y sus productos, podemos llevar esta premisa a lo que sucede cuando escribimos un blog, una revista o un libro sobre cualquier temática en especial. Toda la información que plasmamos ahí, esperamos que nos convierta en referente y que los lectores vuelvan a buscarnos  repetidas veces motivados por la confianza que generamos.

9. FRACASO

“En algunos casos nunca es posible alcanzar la simplicidad”

Con todo lo que mencionamos, puede parecer que alcanzar la simplicidad efectivamente no tiene nada de simple. Es probable que así sea, que nos equivoquemos y que fracasemos, pero desde ahí surge una nueva oportunidad. Es que no alcanzar la simplicidad, es parte de un “fracaso” del que se pueden sacar nuevos aprendizajes y es un punto de inflexión que obliga a buscar nuevos caminos o a asumir de frente que no algo no es posible de ser simplificado. Al respecto, Maeda afirma que “cuando una marca tiene un producto suficientemente bueno y diferente, no debe temer de explicar su complejidad”.

10. LA ÚNICA

“La complejidad consiste en sustraer lo que es obvio y añadir lo específico”

Limpiar, sacar adornos, quitar lo que no es esencial. Buscar lo que da valor e introducir significado. La décima ley de Maeda lo resume todo. Se trata de dar buenas razones para que nos lean y para que siempre vuelvan a buscarnos como referentes. Suena más sencillo en la teoría que en la práctica, y es ahí donde se presenta el desafío de mirar un mismo tema desde distintas aristas y decidirse por un camino. Si tomamos una idea, la pulimos y despejamos impurezas, el fondo indudablemente logrará brillar por sí solo.