Nos encanta revisar las redes sociales, nos informamos a través de los diarios electrónicos, aprendemos de tendencias en los newsletter temáticos, navegamos por páginas web, leemos en las tablet, compramos por internet, usamos las app favoritas y revisamos el email del trabajo. Es un hecho que el mundo digital ha conquistado gran parte del terreno existente en nuestras vidas. Ahora veamos cómo esto influye en las revistas corporativas.

En este contexto, las empresas privadas y las instituciones públicas también están insertas en esta realidad digital y continúan teniendo necesidades múltiples de comunicación, ya sea hacia públicos internos y externos.

Una pregunta válida en este sentido es saber si existen opciones reales para productos que no sean digitales. Y la respuesta es clara: sí, hay un gran campo para todo lo que pertenezca a lo off line. Todavía hay románticos que quieren sentarse a leer libros y revistas. En términos corporativos, están aquellos colaboradores, profesionales, directivos, personal de la salud, clientes y muchos más que no tienen acceso a teléfonos inteligentes ni a computadores en determinados puntos de contacto, por lo que la comunicación debe enfocarse en crear otras soluciones.

Las 7 claves

Las revistas corporativas impresas siguen vigentes. Sin embargo, si se va a invertir presupuesto para contar con un equipo especializado produciendo el medio, sumado a los costos de impresión y distribución, es necesario que se consideren siete aspectos relevantes al momento de planificarla y producirla:

1. Poner en el centro al usuario: Este es el punto de partida de cualquier medio, ya que conocer los intereses del público al que va dirigida la publicación permitirá que se elaboren contenidos de calidad. Lo recomendable es hacer un estudio o un análisis en profundidad del usuario final, con el fin de tener la mayor información posible, la que servirá para la creación de la propuesta editorial y gráfica. Hay que tener cuidado de no desviarse y enfocarse a darle el gusto al departamento interno a cargo del medio o hacer lo que “pide el jefe”. Lo que estamos buscando es que este producto sea efectivo y que sea altamente valorado por los usuarios, por lo que el foco en la persona debe estar sumamente claro.

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2. Crear valor a través del contenido: Si ya contamos con el perfil del usuario que consumirá la revista, es clave la elaboración de pautas estratégicas que consideren esa información para plantear artículos, reportajes, esquemas, infografías, historias visuales, etc, más todo lo que sea necesario para crear valor para los lectores. Que sean temas interesantes, tratados con una perspectiva simple, atrayente y que le sea de utilidad a quien lo lee.

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3. Construir relatos emocionales que conecten a las personas: La comunicación a través de historias reales, verdaderas y que nos dejan un aprendizaje son las preferidas para entregar un contenido de valor. El eje conductor de estos relatos es la emocionalidad de su comunicación, ya que es indudable que hoy registramos y grabamos aquello que nos moviliza, que nos hace identificarnos con el otro, que nos inspira. El desafío de las actuales revistas corporativas es construir contenidos en esta línea y dejando a un lado el estilo frío y lineal que se usaba hace más de una década.

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4. Que se pueda “leer mirando”: Esto consiste en lograr el efecto de que la revista presente tres niveles de lectura: mirar, leer y profundizar. El primero es el que genera el gancho central, ya que al tomar el medio el lector lo hojea y en esa revisión se queda con ideas de cada tema. El usuario siente que ha leído mirando, asemejando como “leemos” Facebook, twitter, instagram o una página web sin darnos cuenta de que estamos leyendo, sino que estamos “mirando” o pasando por allí.

5. Diseñar y escribir con un estilo fragmentado: Para lograr que se “lea mirando” y luego que se pase a la lectura y a la profundización, es necesario que se escriban y se diseñen microcontenidos en las páginas. De esta forma, se tiene un tema central fragmentado en microtemas, lo que hace que la lectura sea muy simple y liviana, además de convertir el contenido en una unidad didáctica y atractiva.

6. Que tenga un ritmo visual adecuado: El lugar que ocupa cada tema, su extensión y tratamiento hacen que un revista alcance un ritmo, al igual que cuando escuchamos una música que nos gusta. La publicación debe ir mostrando historias simples al principio, luego ir creciendo en intensidad, otorgar descansos en la lectura y revisión, para llegar a un climax, y finalmente terminar con cápsulas o temas más livianos.

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7. Que permita leerla más de una vez: Ese es el gran sueño de quienes elaboramos revistas corporativas, ya que eso va a significar que tanto en contenido como en diseño es muy entretenida y ha dejado ese sabor de probar y leer más o nuevamente el tema presentado. Si el lector tiene esas ganas, podemos decir: misión cumplida 🙂

En definitiva, disfrutemos del mundo digital y usemos todos los recursos que ya están incorporados en nuestros estilos de vida y hábitos para hacer revistas corporativas geniales, atrayentes, que generen valor y que sean eficaces respecto a nuestros usuarios finales.

Autor: Mónica Escobar