Durante el último tiempo, algunas empresas chilenas han estado en tela de juicio por comportamientos comerciales incorrectos, lo que ha despertado un fuerte rechazo por parte de la ciudadanía. El tema ha sido parte de largas conversaciones en almuerzos, reuniones de trabajo y encuentros entre amigos, pues a nadie ya le deja indiferente el actuar de las organizaciones.

Hoy somos distintos, exigimos más de las grandes corporaciones y también de las pequeñas, y eso es lo que es destacable e interesante como fenómeno, ya que las personas, en términos generales, están más informadas y no se “tragan” las versiones comunicacionales que se plantean, ya no creen de buenas a primeras lo que nos quieren “vender”. Podríamos afirmar que la desconfianza se ha instalado definitivamente en la sociedad chilena y esto tiene consecuencias importantes para las empresas.

Llegó ese momento para el cual muchas organizaciones se prepararon durante largos años, a través de incorporar la responsabilidad social empresarial, tomar un compromiso con sus colaboradores, aportar a la comunidad, entregar algo bueno hacia los demás. Sin embargo, hoy eso no basta, y es el “desde” el cual una organización debe presentarse en el mercado.

La decisión de compra hoy también incluye el actuar diario de una empresa, la forma de hacer sus negocios e inversiones, lo que abre un espectro mucho más amplio que simplemente ofrecer un producto o servicio de excelencia. Las personas esperamos mucho más, queremos conocer si las prácticas de su gobierno corporativo son las adecuadas, les pedimos a sus líderes que sean empresarios y gerentes éticos, justos, educados, buenas personas. Estamos en una época en que ha despertado una mirada ciudadana más crítica, donde todo el comportamiento está bajo una estricta lupa, y en el cual las redes sociales cobran un protagonismo enorme para sancionar públicamente a un personaje o compañía cuestionada, o bien para ensalzar los buenos actos.

Pronto estaremos hablando de estrategias de marketing basadas en la bondad y en la generosidad, aunque a muchos les suene extraño o deschavetado. No es locura, solamente es sentido común, es volver a los orígenes, y eso es una tendencia a nivel mundial. Las organizaciones deben considerar que lo que buscamos al comprar un producto o preferir un servicio es identificarnos valóricamente con ese otro, con sus historias, con su verdad, y allí está lo interesante, encontrar aquello que nos une, que nos vincula, que nos hace estar en sintonía.

Sin duda, los desafíos son altos para quienes trabajamos en comunicación, publicidad, marketing, responsabilidad corporativa. Estas son las nuevas visiones e ideas que debemos mostrar, para lograr entusiasmar a quienes dirigen día a día las empresas. Tenemos la esperanza de que existe ese grupo de hombres y mujeres buenos y generosos, con los cuales podremos continuar trabajando con mayor conciencia, respeto, coherencia y profundidad, y construir así un país mejor, más tranquilo y con más confianza.