Todo un día buscando dar con esa idea, ese concepto, esa imagen, esa solución, esa estrategia. Todo un día anotando referencias, preguntando a otros, buscando, buscando y finalmente no llega. Porque la creatividad no se aparece si no tiene por dónde entrar. . .

Los de esta época, aprendimos cuánto pesa cada minuto y lo caótico que puede ser perderlo cuando hay que cumplir con lo que el resto espera de nosotros y lo que decidimos exigirnos por voluntad propia. Tomamos pausas, es cierto, no existe alguien que no las necesite. Pero a ratos pareciera que ese tiempo libre que “agendamos” para nosotros mismos, fuera obligatorio o peor aún, lo transformamos en culpa, cuando en la práctica es lo que necesitamos para abrir esa puerta que, entre otras cosas, da la bienvenida a la creatividad.

¿En qué momento comenzamos a desprestigiar el ocio?, ¿quién nos hizo creer que era tiempo perdido?, ¿por qué de pronto sentimos miedo de quedarnos en un lugar sin hacer nada que parezca productivo? Antiguamente, el ocio permitió que el hombre alcanzara ideas que cambiaron el curso de la historia. Pero por infinitos motivos e infinidad de argumentos, el arte del ocio perdió trono y se ganó la mirada castigadora de muchos que simplemente, nunca se permiten una cita con él.

Séneca, el filósofo romano defensor del ocio creativo como canal para alcanzar la sabiduría, decía que la naturaleza le concedió al ser humano un carácter curioso y que nos engendró como observadores de un magno espectáculo. Y bajo el ritmo que habituamos, nos vamos perdiendo de ese espectáculo que está afuera y está dentro, porque el ocio implica entrar en un estado de contemplación de lo que nos rodea, pero bajo una perspectiva distinta. Es dejar que la mente corra, trote, juegue, camine, salte y pase de una imagen a otra, sin filtros y sin estructuras.

El ocio es un estado que pareciera no dejar ganancias, no entregar nada a cambio como el resto de las actividades que hacemos habitualmente. Por eso, quien piensa que estimular los sentidos, percibir nuevas sensaciones, recobrar la capacidad de asombro y renovar las percepciones bloqueadas no vale la pena, puede continuar por el mismo cauce, seguir el mismo libreto y repetirse las mismas escenas. Los demás, queremos ver el show.