En una empresa, el que tiene autoridad sobre otros no siempre es el que logra movilizarlos y el que inspira confianza no siempre es el que manda. Porque ser jefe no implica necesariamente contar con las habilidades de líder, de la misma forma que para liderar dentro de una organización no es necesario ubicarse a la cabeza de ésta. ¿Cómo actúa uno y otro? A tomar nota y no confundirse.

Un líder puede surgir en cualquier equipo de trabajo. No necesita estar ubicado en la parte más alta de la empresa para transmitir su fuerza y lograr motivar a otros. El carisma, la empatía, el sentido común, la nobleza y el espíritu optimista son las habilidades que puede poner en práctica en cualquier contexto y así ganarse la admiración del resto.

Todas estas características, no siempre son propias de un jefe. Éste debe trabajar para adquirir ciertas habilidades que le ayuden a conducir una empresa de mejor forma, rompiendo con las estructuras jerárquicas que no permiten crear vínculos esenciales para que todos puedan desarrollarse profesional y personalmente.

Pero, ¿cómo diferenciar a uno de otro? Aquí mostramos cinco ejemplos que ayudan a entender cuando estamos frente a un jefe y cuando tratamos con un líder innato en nuestro trabajo. ¿Te reconoces en alguna de ellas…?

Dar órdenes o dar el ejemplo

La mejor forma de motivar e inspirar a otros es a través del ejemplo, mostrando una actitud positiva frente al trabajo y proyectando en la práctica lo que esperamos del resto. Quien sólo se encarga de asignar deberes y contempla desde su lugar cómo los demás hacen el trabajo, muestra incongruencia en su forma de actuar y pensar, y deja de mostrarse como un referente para los demás.

Buscar culpables o buscar soluciones

Frente a cualquier tipo de problema, hay dos caminos posibles: perder el tiempo y buscar a los “culpables” u organizarse para encontrar la mejor solución y resolverlo cuanto antes. La segunda vía es la que siempre escogerá un líder, quien buscará las fallas pero no para reprocharlas, sino que para corregirlas, aprender de ellas y lograr que no vuelvan a ocurrir. Nunca encontrará a “un culpable”, pues entiende que detrás de los éxitos y de los errores, hay un equipo de trabajo.

Inspirar temor o confianza

Muchos jefes consideran un punto a favor el generar temor en el resto de los trabajadores. Con esto, logran que el resto siga instrucciones sin cuestionarlos y posiblemente, las metas se alcancen en los plazos que esperan. En el lado opuesto, el líder inspira todo lo contrario, porque es el que genera confianza, empodera a quienes lo rodean, los fortalece y entusiasma para que en conjunto encuentren la mejor manera de resolver los desafíos. El líder siempre va a imponer autoridad a través del respeto, nunca del miedo.

Hablar de mí o hablar de nosotros

Uno de los errores más comunes en los jefes -sobre todo en los más tradicionalistas- es no escuchar a las personas con las que trabajan. Cuando tratan de resolver un conflicto sin considerar la visión del resto y creen que su opinión es suficiente para decidir con respecto a algo, pierden la valiosa oportunidad de influir y liderar positivamente.

Mandar a otros o enseñar a otros

El líder siempre tiene una actitud solidaria. Su propósito no es dar indicaciones al resto y esperar que los resultados sean los más óptimos. Tampoco quiere brillar por sí solo, sino que se esfuerza por entregarle al resto las herramientas necesarias para que puedan crecer y desarrollar sus propias habilidades. No se guarda sus conocimientos, los comparte con otros para crear una fuerza superior que a largo plazo, beneficie a todos.