¿Cuántas veces nos ha impresionado la rapidez con la que aprende un niño de sólo cuatro años? Observar y retener con tanta facilidad todo lo que sucede alrededor, es una habilidad que por distintos motivos se va perdiendo con los años. Al enfrentarse a un nuevo aprendizaje, los adultos tienen mayor temor a equivocarse y sus experiencias previas juegan un rol trascendental en este proceso.

No hay edad para aprender. De hecho, es algo que de alguna u otra forma hacemos cada día y a lo largo de toda la vida, lo que cambia es la forma en que lo hacemos. A diferencia de lo que ocurre con los niños, en los adultos este proceso es más complejo, ya que deben enfrentar diversas barreras que principalmente tienen que ver con sus experiencias de vida, las que estructuran y muchas veces limitan los nuevos aprendizajes.

¿Cómo se enfrentan los adultos a un nuevo conocimiento?

Los hábitos, los juicios, las creencias y la historia de vida de una persona forman una especie de trinchera al enfrentar un nuevo aprendizaje. Estos son los aspectos que crean un “filtro” cuando recibimos un conocimiento y hacen que los interpretemos y enfrentemos de distintas formas.

El aprendizaje en los adultos implica una constante interacción entre su historia, sus características biológicas, sus intereses, motivaciones, temores y la necesidad de aprender algo que puedan poner en práctica día a día. Eso es lo que nos genera valor.

Pero, ¿cuáles son las características que definen a un adulto al enfrentarse a un nuevo conocimiento? Podemos resumirla en cinco puntos básicos:

1. NECESITAN OBJETIVOS CLAROS

Requieren saber para qué deben aprender antes de involucrarse en una tarea. Buscan entender en el fondo, el sentido del aprendizaje.

2. EL APRENDIZAJE ES AUTODIRIGIDO

Son responsables de sus propias decisiones. Tienen un autoconcepto definido y una autoestima que les permite actuar como seres independientes.

3. PONEN SUS EXPERIENCIAS EN LOS NUEVOS APRENDIZAJES

Se integran a situaciones educativas con mayor experiencia, en comparación a un niño. Esto que parece evidente, puede tener algunos efectos negativos como, prejuicios, dogmatismo y resistencia a incorporar nuevas ideas.

4. ESTÁN CENTRADOS EN SU VIDA

Están dispuestos a aprender aquellas cosas que les servirán para enfrentar de mejor forma las situaciones de la vida real. Es por esto que aprenden mejor cuando los nuevos conocimientos, habilidades y valores son aplicables a su cotidianeidad.

5. SUS MOTIVACIONES PARA APRENDER SON INTERNAS

Es común que busquen la satisfacción laboral, elevar su autoestima y/o mejorar su calidad de vida.
Todo esto también tiene relación con las presiones y los roles sociales a los que deben responder los adultos. Suele haber temor a equivocarse y a fracasar, y mayor resistencia a cambiar de paradigmas e incorporar nuevas conductas. En este sentido, es habitual que las personas sientan ansiedad o estrés al enfrentar este proceso y que incluso perciban la situación de aprendizaje como algo amenazante que no podrán superar.

En este sentido, podemos afirmar que no todos los adultos se aproximan a un mismo aprendizaje de igual forma. No somos “hojas en blanco” que recibimos sin cuestionar cualquier tipo de conocimiento. Y estos cuestionamientos, siempre estarán dados por pautas con las que crecimos y que forjaron nuestra identidad actual. Desde ahí nacen nuestros temores y surgen las herramientas que nos ayudan a interpretar de forma particular y única, lo que el otro nos quiere enseñar.