En los últimos años, la información y el conocimiento se han transformado en parte fundamental del capital de una organización. Sus procesos, metodologías o el propio saber de sus trabajadores, son elementos diferenciadores que añaden valor a la creación o transformación de productos y servicios.

Por eso, no debe sorprendernos que en el ámbito de las comunicaciones y las industrias creativas, el desarrollo de contenidos de valor tome día a día un rol más protagónico en la relación entre las empresas y las personas, pues la transmisión del conocimiento al interior de las organizaciones se ha convertido en uno de los factores claves para el éxito de sus estrategias.

Sin embargo, también debemos asumir que hoy nos encontramos expuestos en forma permanente -y casi inevitable- a una sobredosis de información por parte de los medios de comunicación, las redes sociales y las nuevas tecnologías, lo que genera una considerable disminución de nuestra capacidad de atención y convierte a gran parte de los mensajes que recibimos en contenidos invisibles y sin utilidad.

Contenidos con sentido

Es justamente este superávit de datos, muchas veces descontextualizado y sin sentido para el lector, el que ha impulsado el desarrollo de un nuevo tipo de contenido, cuyo valor esencial radica en su capacidad de análisis e interpretación para transformar el conocimiento en información simple y comprensible, que pueda ser fácilmente compartida entre las personas y que tenga un significado evidente para su público objetivo.

Uno de los ejemplos más reconocibles en de este tipo de mensajes en la actualidad es la infografía, que tiene la ventaja de reunir en un mismo contenido datos e información específica acompañados de elementos gráficos como íconos, imágenes e ilustraciones, configurando un tipo de información más visual, atractiva y fácil de entender.

Y pese a su actual popularidad, principalmente por su uso en plataformas digitales, no es el única alternativa para generar este nuevo modelo de contenidos, ya que también se aprecia con fuerza el desarrollo y perfeccionamiento de los esquemas, la visualización de datos y los contenidos visuales. Revistas, manuales, guías de procedimiento, fichas informativas e incluso protocolos de trabajo. Prácticamente no existen soportes de comunicación que no hayan incorporado o adoptado este nuevo tipo de mensajes.

Algunos ejemplos de contenidos con sentido

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Es en este nuevo escenario en el que cabe entonces preguntarse ¿cuáles son las características que definen a un buen contenido, que genere valor y tenga sentido para las personas y las organizaciones? A continuación, presentamos el conjunto de claves para el desarrollo de contenidos de valor.


1. DEFINE EL OBJETIVO DEL CONTENIDO.

El primer paso para construir cualquier tipo mensaje es determinar qué se busca lograr con él. Por ejemplo: ¿queremos inspirar, informar, enseñar o entretener? Uno de los errores más comunes es tratar de abarcar todos los objetivos en un único contenido. No sólo es demasiado ambicioso tratar de hacerlo, sino que probablemente terminemos generando una nueva enciclopedia sobre el tema.


2. IDENTIFICA Y CONOCE A TU PÚBLICO

Es fundamental saber a quién se le va a hablar, conocer sus intereses, nivel educacional, objetivos profesionales e incluso su estado emocional. No podemos escribir y graficar información de la misma forma para un niño, un joven o un adulto, como tampoco describir procesos o metodologías para los equipos ejecutivos de una organización o aquellos que trabajan en faenas o líneas industriales.

3. TRATA DE RESPONDER A LAS NECESIDADES DE LAS PERSONAS.

Para que el público le asigne un valor especial al contenido, éste debe tener un sentido para las personas. Una forma simple de hacerlo es enfocarse en sus necesidades. Para ello, vale la pena preguntarse ¿qué busca en su trabajo? ¿qué carencias tiene? ¿qué tipo de respuestas demanda?

4. PRESENTA INFORMACIÓN RELEVANTE.

Debemos tener claro lo que queremos contar y evitar hablar mucho de nada. Cuando hay información relevante, el relato se vuelve interesante. En este sentido, los contenidos de mayor valor son aquellos que entregan información de calidad, son relevantes para el trabajo, tienen una utilidad concreta, provocan interés, incentivan y movilizan a las personas, o bien generan nuevos conocimientos en la organización.

5. ENCUENTRA UN FOCO CREATIVO.

Todo buen contenido nace de una buena idea, sólo que ésta debe ser comunicada de una forma atractiva. Está comprobado que cualquier tema, por extraño o complejo que parezca, puede transformarse en una buena historia. Entonces ¿somos capaces de transformarlo en algo interesante? Tratar de encontrar un ángulo novedoso nos permitirá captar el interés de nuestro público.

6. MANTÉN UNA COHERENCIA NARRATIVA.

Cuando se elige una ruta narrativa, es fundamental que toda la información esté relacionada para que el contenido no se vuelva incoherente. Crear contenidos lógicos y coherentes ayudan a que el lector pueda comprender de mejor forma nuestro mensaje.

7. EXTENDERSE LO JUSTO Y NECESARIO.

Si bien se trata del último consejo, no por ello es el menos importante. La idea es explicar, sintetizar y resumir datos a puntos claves, complementando con la información justa y necesaria. Tratar de decirlo todo en un sólo texto o imagen sólo genera confusión. El ideal es decir lo justo y necesario evitando sobrecargar de información al lector.