Las revistas impresas siguen sumamente vigentes como un medio para comunicarse tanto con públicos internos que no tienen acceso permanente a teléfonos inteligentes ni a computadores en determinados puntos de contacto, como con clientes que son muy relevantes para una compañía pero que no usan las tecnologías. Si lo que buscas es un producto que consiga los objetivos de comunicación establecidos y que además sea cercana, amable y útil para sus usuarios y lectores, considera estos siete aspectos al momento de planificarla y producirla.

1. Poner en el centro al usuario: Este es el punto de partida de cualquier medio, ya que conocer los intereses del público al que va dirigida la publicación permitirán que se elaboren contenidos de calidad y de interés para ellos. Lo recomendable es hacer un estudio o un análisis en profundidad del usuario final, con el fin de tener la mayor información posible, la que servirá para la creación de la propuesta editorial y gráfica. Hay que tener cuidado de no desviarse y enfocarse a darle el gusto al departamento interno a cargo del medio o hacer lo que “pide el jefe”. Lo que estamos buscando es que este producto sea efectivo y que sea altamente valorado por los usuarios, por lo que el foco en la persona debe estar sumamente claro.

[bctt tweet=”Conocer los intereses del público al que va dirigida la publicación permitirá elaborar contenidos de calidad.” via=”no”]

2. Crear valor a través del contenido: Si ya contamos con el perfil del usuario que consumirá la revista, es clave la elaboración de pautas estratégicas que consideren esa información para plantear artículos, reportajes, esquemas, infografías, historias visuales, etc, más todo lo que sea necesario para crear valor para los lectores. Que sean temas interesantes tratados con una perspectiva simple, atrayente y que le sea de utilidad a quien lo lee.

3. Construir relatos emocionales que conecten a las personas: La comunicación a través de historias reales, verdaderas y que nos dejan un aprendizaje son las preferidas para entregar un contenido de valor. El eje conductor de estos relatos es la emocionalidad de su comunicación, ya que es indudable que hoy registramos y grabamos aquello que nos moviliza, que nos hace identificarnos con el otro, que nos inspira. El desafío de las actuales revistas es construir contenidos en esta línea y dejando a un lado el estilo frío y lineal que se usaba hace más de una década.

4. Que se pueda “leer mirando”: Esto consiste en lograr el efecto de que la revista presente tres niveles de lectura: mirar, leer y profundizar. El primero es el que genera el gancho central, ya que al tomar el medio el lector lo hojea y en esa revisión se queda con ideas de cada tema. El usuario siente que ha leído mirando, asemejando como “leemos” Facebook, Twitter, Instagram o una página web sin darnos cuenta de que estamos leyendo, sino que estamos “mirando” o pasando por allí.

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5. Diseñar y escribir con un estilo fragmentado: Para lograr que se “lea mirando” y luego que se pase a la lectura y a la profundización, es necesario que se escriban y se diseñen microcontenidos en las páginas. De esta forma, se tiene un tema central fragmentado en microtemas, lo que hace que la lectura sea muy simple y liviana, además de convertir el contenido en una unidad didáctica y atractiva.

6. Que tenga un ritmo visual adecuado: El lugar que ocupa cada tema, su extensión y tratamiento hacen que un revista alcance un ritmo, al igual que cuando escuchamos una música que nos gusta. La publicación debe ir mostrando historias simples al principio, luego ir creciendo en intensidad, otorgar descansos en la lectura y revisión, para llegar a un climax, y finalmente terminar con cápsulas o temas más livianos.

7. Que permita leerla más de una vez: Ese es el gran sueño de quienes elaboramos revistas, ya que eso va a significar que tanto en contenido como en diseño es muy entretenida y ha dejado ese sabor de probar y leer más o nuevamente el tema presentado. Si el lector tiene esas ganas, podemos decir: misión cumplida.

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